Buscar y encontrar

Aquí la tierra se funde con mis manos

lunes, 9 de marzo de 2015

Mariela debería haber venido a verme



Mariela debería haber venido a verme

Nado. Llevo los brazos hacia delante como buscando el extremo de una soga. Cada brazada es primero de aire, después de agua. Una y otra, una y otra, una y otra. Nado. Me limito a nadar y nada más. No busco un discurso ni un monólogo interior, ni siquiera una conciencia arrebatada. Nado. También con mis piernas: una y otra, otra y una, una y una y también la otra. Breves olas se acercan y me curvan apenas el torso. Yo sigo nadando, nado buscando la orilla. Cada cuatro o tres brazadas quito la cabeza del agua hacia un costado para poder inspirar. Luego, expiro bajo el agua formando las burbujas del río. Nado, sigo nadando. No paro sino hasta que toco una boya. Descanso y floto mientras respiro fuerte, jadeando. Tengo un calambre en la pierna derecha, pero me desentiendo de éste y sigo. Nado, voy nadando esta vez más lento, reservando energías. Sigo nadando mientras veo que ya otros tocaron la arena de enfrente. Entonces empiezo a pensar: “Mariela debería haber venido a verme. Estoy acalambrado. Ya no se soporta la pierna así. Mariela debería haber venido. Mariela, Mariela, Mariela”. Llego a duras penas, casi último, y me embarro en la arena. Me dejo caer boca arriba mientras el sol y las lágrimas me acarician la cara.



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