Buscar y encontrar

Aquí la tierra se funde con mis manos

viernes, 27 de marzo de 2015

Mujer real



No vine a buscarte por las curvas de durazno, no deseo la ambición de ese cero kilómetro con tu cola sobre el guardabarros. Te encuentro mejor en la nota bemol o el acorde disonante, en la leve desviación o el defecto, lugar gustoso y frágil de las cicatrices o las arrugas, principio más de verdad que de fracaso o miseria. Porque para qué quiero yo todas esas líneas modelo y caras de revista. ¿Acaso es necesario ese mundo de cosas y cosas? A mí denme un trozo quebrado de poesía, un pobre poema me alcanza. Muertas están para mí aquellas que te piden la luna, que andan queriendo sueños burgueses y billetes en sus senos. Yo te basto si me bastas, y para bastarme no hace falta nada. Nada, nada, nada. Te prefiero libre, con esa canción en los labios que se ríe o que se llora de la mentira que ronda por ahí. Sé mi sol siendo vos tu verdad que yo cruzo a la otra orilla.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Otoño




Otoño


Otoño llega, así, de pronto. Ni el calor ni el tiempo pueden decir nada. Otoño se instala en la ventana, en las paredes húmedas y en el espejo empañado. Hace su entrada por el chiflete de debajo de la puerta --todavía no me encargué de burletear las aberturas-- y sacude las copas para desparramarlas, de a poco, encima de la calle y la vereda. Todos los años se hace algo penoso tratar de barrerlas, es un trabajo que se burla de uno.  El viento de abril se encargará de hacer que las hojas arremolinadas suban y caigan, una y otra vez, hasta el agosto, yo deberé barrer todos los santos días. Pero hoy es un día diferente, hoy saco mi cuerpo indócil afuera para otra cosa, lo desconecto del adentro y lo enchufo en la intemperie porque organizo una comida. Camino, medio emponchado y tibio aunque reumático por el frescor en los pies y la humedad en los huesos, con un sol lúcido pero sin fuerza por la calle de tierra que conduce al roble. Llego hasta ahí. Lo miro con pupilas diminutas, y me mira, me devuelve una mirada rojiza tirando al cobre. Añoso. Luego, el almacén, las latas, las verduras y los huevos antes de volver. La luz, el frío, algún grano volador  de polen o de tierra me provoca el primer estornudo que es comienzo de los resfríos del año. Después, ya en casa, durante el mediodía, me hago un guiso para tres. Vendrán mis nietos a comer y sacarán a Puqui a pasear, juntarán bellotas del roble y me las vendrán a traer de a montones.




lunes, 23 de marzo de 2015

Brújula y destino



Brújula y destino

A veces río iluso, y me lanzo sobre las olas como un loco. A veces lloro desencajado, y sé que he caído frío sobre el asfalto gris, con la aspereza caliente en mis rodillas sangrientas. Pero las más de las veces hay días en que las pizarras se borran de un trompazo, y olvido mi ayer, mi mañana, pierdo noción y brújula. Soy como una balsa en el mar con un pobre velamen que el viento empuja. No sé si veré tierra, y si esa tierra será la arena de tu rostro, o la de cualquiera.  ¿Es que ha de haber un destino? No encuentro certezas: si tu nombre está en la palma mía, o es que los trenes han descarrilado y ahora será imposible llegar a la estación. Quizás sea que quien viaja sos vos y yo la legendaria Penélope tejiendo los años de tu larga travesía. O tal vez seamos dos perdidos en el subte, mirándonos la cara y esquivándonos a un tiempo para no ojearnos la suerte.



lunes, 9 de marzo de 2015

Mariela debería haber venido a verme



Mariela debería haber venido a verme

Nado. Llevo los brazos hacia delante como buscando el extremo de una soga. Cada brazada es primero de aire, después de agua. Una y otra, una y otra, una y otra. Nado. Me limito a nadar y nada más. No busco un discurso ni un monólogo interior, ni siquiera una conciencia arrebatada. Nado. También con mis piernas: una y otra, otra y una, una y una y también la otra. Breves olas se acercan y me curvan apenas el torso. Yo sigo nadando, nado buscando la orilla. Cada cuatro o tres brazadas quito la cabeza del agua hacia un costado para poder inspirar. Luego, expiro bajo el agua formando las burbujas del río. Nado, sigo nadando. No paro sino hasta que toco una boya. Descanso y floto mientras respiro fuerte, jadeando. Tengo un calambre en la pierna derecha, pero me desentiendo de éste y sigo. Nado, voy nadando esta vez más lento, reservando energías. Sigo nadando mientras veo que ya otros tocaron la arena de enfrente. Entonces empiezo a pensar: “Mariela debería haber venido a verme. Estoy acalambrado. Ya no se soporta la pierna así. Mariela debería haber venido. Mariela, Mariela, Mariela”. Llego a duras penas, casi último, y me embarro en la arena. Me dejo caer boca arriba mientras el sol y las lágrimas me acarician la cara.



viernes, 6 de marzo de 2015

Soñaba



Soñaba

Soñaba y te vi sobre el puente. El río corría debajo, y vos ahí, triste, con las manos llenas de margaritas. El cielo no era azul, pero tampoco era cielo; parecía medio jalea de membrillo, y vos ahí, llorando, sobre el puente, con margaritas y palomas. Quería quererte y te quise. Enamorado de tu pelo, enamorado de tus manos, enternecido. Amé un poema feliz mientras soñaba y le di forma de canción cuando llorabas. Lo até a un cometa pequeño y sin pedirte permiso lo arrojé al viento que pasa. Ahora sobrevuela tu sonrisa, capital de mis deseos.



miércoles, 4 de marzo de 2015

Buscando mi lector



Buscando mi lector

Nunca pensé el acto de escribir mis poemas, mis relatos, mis cosas, como una actitud hacia afuera, aunque lo sea: a fin de cuenta lo es. Pero yo voy queriendo encontrar un lector, un sujeto que esté del otro lado de la orilla de mí, uno solo me basta, un reflejo quizás. Y lo elijo sin mirar, lo voy encontrando en mí mismo un poco, lo vislumbro adentro de mí como si estuviera guardado en mi consciencia, pero sabiendo que hay alguien afuera con la misma enfermedad o dulzura queriendo encontrarse. Lo hago con el fin de llegar a reconocerlo como hermano o hermana, a tener un trato familiar con él o ella. Siento que soy un ser humano determinado, con particularidades específicas, pero también guardo conmigo alguna motivación general y antropológica que se refleja en ese lector o lectora que empiezo a querer y que, por alguna especie de vaso comunicante, nos entendemos. Hay un afuera y un adentro. Y yo sé que el lector aquél, ese que debe estar en un rincón del mundo está también en este adentro que soy yo, con todas mis subjetividades y complementos. Hay un salto, claro. Hay un acto de fe donde uno debe creer religiosamente que ese o esa parte de afuera nos está esperando este adentro. Mi actividad de salir en busca de un lector no es tan distinta de la de salir a encontrarme con otro que está de alguna manera implícito en mí. El aplauso es ruidoso, incapaz de llegar a la raíz principal del enunciado, y muchas veces censor o condescendiente, pero nunca un acto de reconocimiento, de abrazo fraternal surcador de los abismos.


martes, 3 de marzo de 2015

Mate a solas



Mate a solas

La mirada fija hacia un punto enmarcado que da a la calle, un punto verde aguachento y opaco, paraíso mojado de la vereda de enfrente para los días nublados de este marzo gris. Una mano en el mate, calabaza, pedazo de hueco que el vacío infinito deja en una porción de sí para la hoja triturada y polvorienta, limitada y sabrosa, amarga y sabrosa; la yerba también verde que se hincha poco a poco a efectos del agua calentada sin hervor. Y entonces cebarse unos amargos, cumplir con el acto solemne de acercarse la bombilla a la boca, de chupar y tragar esa sustancia tan similar al pensamiento, que no es yerba ni es agua, ni tampoco mi saliva: un producto de tres elementos imprecisos. Me nutro, es como vitaminas, igual que aquellas personas que rompen el silencio para decir una verdad. Me nutro y pienso más de prisa y más justo. Y pasa media hora y sigo pensando, diciendo en mi interior una música candente que se sirve en mi cabeza de las ideas chisporroteantes. Me acompaña, el agua va entrando de a sorbos y va llenando mi estómago o mi cabeza, no lo sé. Pero me acompaña hasta olvidarme de mí mismo. De pronto lo veo pasar por el punto enmarcado y verde, un pájaro veloz cruza la ventana, cruza mi discurrir interior y me despierta como de un letargo. Quizás un zorzal o una paloma, no sé: ha pasado tan pronto que no logró plasmar en mi memoria su cuerpecito de ave. Tal vez haya sido un pedazo de diario en el aire y arrastrado por el viento que ahora mueve la copa del paraíso. Pero no importa en absoluto si fue un zorzal, o un plato volador. La verdad es que me siento despierto, como salido de una cáscara, un útero o limbo que me crío por un tiempo indefinido en esta mañana aguachenta y opaca. Tengo esta vez la seria conclusión de haber sido un producto insustancial, lavado y de cuatro palotes flotando en la superficie de la nada insípida y que todo el sabor profundo que trae el mate ha sucumbido ya con ese vuelo cruzado en mi ventana. Vuelvo sobre mí y me acuerdo de una amiga desnudándose para darme algo de amor y sostén, pero que en este tiempo ya no está, ya se fue de acá, de todos mis aquíes y estoy solo, con este mate frío e inservible, tratando de que un pájaro me devuelva la calma inmortal.



lunes, 2 de marzo de 2015

Tornado



Tornado

El edificio se mueve
Es endeble su cielo

Un viento huracán
lo dobla y lo mastica.

La casa resiste
en sus paredes adobadas.

Pero la paja del techo
ya es cosa en el aire.

Arremolinadas trompetas
ahora rompen el barro.
y las ventanas deshechas
miran a un pantano.

¿Quién vendrá por nosotros?
¿La parca o los bomberos?

Es de noche y hace frío
Ya mis pies huelen a viento
Ya mis manos son un viento

Ya de aire y de silencio
mi pequeño corazón.