Buscar y encontrar

Aquí la tierra se funde con mis manos

sábado, 7 de octubre de 2017

sombrerito





sombrerito
Ya hubo un pasado de poesías ahora inconfesables y mías. Luego habrá también un futuro apocalíptico, helicoide, susurro de profecías que se cantarán en los callejones perdidos y suburbanos. Pero hoy, mi querida niña, hoy es un día soleado, un día lleno de sauces y talas bailando al ritmo de un sombrero que se vuela con el viento: un sombrerito rosa con tu nombre, que lleva el compás de las copas verdes y bamboleantes, mientras el río hace lo suyo y sube a la orilla de mis pies. Escucho las aves, escucho el viento en mi cara, escucho el fluir del Paraná sobre la margen derecha de un mundo poco listo para tanto. Y te vuelvo a preguntar: ¿hasta dónde ha llegado tu sombrero?





jueves, 5 de octubre de 2017

Cizaña y trigo




Cizaña y Trigo


Querido Ángel:

Nuestra amistad data desde hace muchísimos años y entiendo que debemos confiarnos por eso cualquier cosa. Vos sabés, Lito, que desde lo de la muerte sorpresiva de mi mujer -- a Malena se le van a cumplir ya los diez años-- me he convertido en una persona sumamente solitaria e introvertida, que no deja de preguntarse la razón de su existencia y el porqué de tantas y tantas desgracias en la familia. Primero fue Malena, la gran tragedia de mi vida, pero después también mi querido hermano Jacinto. Y ahora hace unos días dejó de respirar Laurita, ¿te acordás de ella? Vos sabías gustar mucho de mi hermana. ¡Es todo tan triste!

Todas estas muertes, no sé si lo sabías, fueron consideradas producto de una enfermedad inclasificable, de la cual no se pudo encontrar su origen ni tampoco síntomas previos al desastre: ha sido para los doctores una especie de mal incurable pero imprevisto, de una muerte súbita. Nadie dio en realidad con el punto.

Mi convicción, querido Ángel, es que no se trata de una enfermedad terminal que contamina la casa familiar y a toda su gente como supusieron los médicos, sino que realmente consiste en un homicidio serial. Y ahora te pido que atiendas a lo que voy a contarte.

Mi vida, mi desdichada vida, vos sabrás, ha decaído en el maltraer y el alcohol. Y es cotidiano verme borracho, deprimido, pensando seriamente en  reventar en suicidarme y reventar con ello lo que queda de mi soledad y de mi apellido. Pero aun así, tengo momentos de lucidez arrolladora y sobriedad analítica que me han permitido ver en lo sucesivo las posibles causas de estos supuestos y potentados, a mi parecer, homicidios.

Pienso seriamente que mis seres queridos fueron considerablemente intoxicados con algún veneno letal, poco a poco dosificado, día tras día, mes a mes, persona por persona, primero uno, después el otro, hasta dejarme solo con mi alma.

Esta sospecha primero me asustó, pero después me quitó las ganas de seguir tomando ginebra y ensayé unos pensamientos, los más lúcidos que se me pudieron ocurrir,  aunque se originaron en las tramas que urdían mis pesadillas.

Hace años tenía en mis malos sueños la solución al caso; me lo estaba soñando desde tiempo inmemorial, y a lo que llegué en mis momentos sobrios muchos años después ya lo había conseguido en estados de sueño o embriaguez, mientras las pesadillas me asediaban: el inconsciente, mi querido Ángel; hacele caso a tu inconsciente, ahí están todas las verdades.

Yo soñaba con un ser de siete ojos en la cara. Un ser despreciable, horrible, con dos dedos por mano y una lengua partida que salía hacia fuera para libar el alma de mi amada. Era una pesadilla de la que no podía resistirme, ni brincar afuera. Este monstruo tenía dos propiedades: el nombre de mi familia en la frente y un frasco lleno de líquido viscoso y oscuro que llevaba colgado de su pecho a la manera de un escapulario o amuleto de la suerte.

En mi campo de batalla hay cizaña y hay trigo. Debo quitar la cizaña para que el trigo crezca y no sea ahogado por la maleza. Voy al cultivo y arranco la cizaña con mis manos mugrientas y tristes. Pero en mis manos encuentro no solo cizaña, sino también todo el trigo. Amigo, toda mi existencia es dual y difícil de desentrañar.

Esta tarde encontré un frasco medio vacío en el cajoncito de mi mesa de luz. Supuse que era el veneno, y mi culpa creció de golpe, aunque siempre estuvo conmigo de algún modo. Debía quitar al monstruo.

Matar la cizaña supone quitar también lo bueno.

Hasta siempre.






El gato blanco





gato blanco



El gato empezó a vivir con nosotros cuando, recién mudados a San Fernando, después de la luna de miel, a Patricio le pareció interesante regalarme una enorme mascota.

Me resultó un poco incómodo tener que convivir con un animal de esa naturaleza; no sabía que tenía alergia a los felinos, pero tampoco podía expresárselo a mi reciente marido así como así. Con todo amor, decía la tarjetita que colgaba del pescuezo aquel once de octubre de 1986.

Nunca había tenido un gato de mascota. Patricio eso creo que no lo sabía, pero ya era tarde para expresar algún tipo de rechazo: el gato blanco ya estaba marcando su territorio en mi tan ansiado y respetado hogar. Lo que era dulce se volvió agrio al tiempo de pocos días.

Yo no dormía bien. Patricio subía mi regalito a su falda cuando estábamos en la cama y le acariciaba lentamente el lomo cual si de seda se tratara. Y el gato me miraba a mí con sus ojos de tigre, fijos en mis pupilas dilatadas a causa del estupor y de la noche, y mientras el novio lo abrazaba y dormía plácidamente como un niño, yo, la más amada y elegida de su vida, no lograba dormir lo esperado. Y tanto fue así que en el fondo de mí había dos voluntades en potencia que luchaban una contra otra por prevalecer: amar a ese gato blanco, quererlo de verdad como regalo del novio, cuya intención era adorable, o tirarlo con odio por el balcón del séptimo piso. Eso me tenía tensa y deprimida.

Al trabajo iba casi sin dormir. No podía hacer los planos  porque mientras estaba sobre el escritorio de mi oficina en Belgrano, se me aparecía la imagen de ese gato tonto subido a uno de mis sillones del living comedor haciendo sus necesidades fisiológicas, rompiendo los almohadones con sus garritas sucias o comiéndose algo de la alacena, arriba de la cama, en el balcón entre las recientes macetas de geráneos; y mi jefe dele que dele recriminándome mi mal y desconcentrado desempeño.

Patricio, en ese entonces, para mí y para muchas de mis amigas, era un ser amable y excepcional, y yo temía decirle la verdad acerca del animal en la casa, de que no me gustaba, de que su pelo me hacía estornudar y sacar ronchas. Él era quien cuidaba más del gato y limpiaba toda la mugre, él era quien quería a ese gato, tanto así que más repulsa me daba.

Hasta ahí una vida soportable, o lo que podía entenderse por soportable. El gran problema no fue ese; si hubiese sabido que lo otro ocurriría así, no dejaba entrar ese animal a mi casa nunca.

Al llegar mis merecidas vacaciones, Patricio se excusó de no poder acompañarme a Córdoba porque tenía algunos problemas en el trabajo; no fue específico, no contó más que eso a pesar de mi insistente interrogatorio. Lo increpé con enojo, lo encaré con rabia, casi me dio algo de celos sentirlo por primera vez un poco lejos de mí, como si realmente hubiese alguien más. Pensé en una mujer, alguna compañera o secretaria, alguien más allá de mí. No quería viajar sola. Pero él trató de disuadirme diciéndome que me harían bien las sierras.

Decidí viajar sola, no porque me gustase la idea, sino porque ese maldito gato me tenía aterrada. Pensé que podría descansar y que no volverían esas imágenes.

Durante el viaje en micro, sin embargo, soñé mucho con el gato; ahora el gato no era de carne y hueso sino un espíritu fantasmal que invadía mi sueño, mi pesadilla. Sentí que el animalito me perseguía y me obsesionaba; que no iba a poder disfrutar mi tiempo en Villa Carlos Paz; que iba sola sin nadie con quien compartir lo que me estaba ocurriendo.

Pasé unas ansiosas y tristes vacaciones, sola conmigo. Al volver recibí la desagradable y penosa notificación de una vecina: a Patricio lo tenían enclaustrado en una clínica privada; estaba siendo observado por médicos y psicólogos por un suceso nada claro. Fui al hospital; quería verlo; mi angustia y mis nervios me invadían hasta las muelas. Moví cielo y tierra para poder hablar con él, pero el médico de guardia me informó que debía pasar hasta por lo menos el próximo domingo sin visitas.

Esperé. Mi ansiedad era una trompa, un tornado. Pedí una licencia en mi empleo y aguardé a poder verlo y saber qué cuernos pasaba con mi marido. Cuando lo vi casi no lo reconocí, estaba deshecho en nervios y angustia. Me contó que había intentado suicidarse, que no sabía lo que le estaba ocurriendo con el gato, que sentía mucha inclinación hacia él, que lo estaba seduciendo y que eso lo abominaba.

Ese mismo día tiré al gato por el balcón.     







sábado, 30 de septiembre de 2017

El aguante nocturno





El aguante nocturno


En estos lugares atípicos las cosas que una escucha, por lo general, no se deben tomar demasiado en serio; o por lo menos y más terrible, suele ser riesgoso parar mucho la oreja. Allá afuera, en la avenida, apenas tan cerca de la biblioteca popular y el normal número diez, el run run del tránsito pareciera apagar los murmullos y los entredichos que se esparcen a estas horas de la tarde. Nos han mandado a dormir a todas la siesta, pero ni con toda la medicación que se nos propina para sedarnos, somos capaces nosotras de tranquilizar el estupor provocado por la excitación de anoche; sabemos hacer silencio sin embargo, somos una tumba acerca de nuestros recientes quehaceres. Entendemos que si las cosas fueran diferentes, si esta clínica por ejemplo tuviera más seguridad en la puerta, si las normas y las políticas que los dueños implantan como prioridades se detuvieran con más detalle menos en el incremento de la ganancia y más en la higiene, la experiencia y capacidad de las enfermeras, el buen trato con las internas y mejor comida que  un plato de fideos con tuco, entonces, solo entonces, quizá, saldríamos mejor de lo que entramos. Pero quien escapó anoche, a mi juicio, que no por loca dejo de pensar correctamente, no tenía ni un ápice de enfermedad mental, incluso en su estado desbordante y paranoico había mucho de razón. Hay gente que es llevada como bulto de la casa a la clínica sin más explicación que una pastilla color rosado para tragársela entera, y quedar boba por un rato hasta que se ubique en lo que será su habitación compartida. Y la chica fugada de anoche fue un caso así; digamos que había entrado confundida, pero que no tenía nada de loca. Yo, que hablo sola con muchas gentes al mismo tiempo --espíritus-- me di cuenta enseguida que esta chica estaba en la clínica por algo más grave que un error, que nada que ver con una enfermedad. Ella misma me decía que nadie le había explicado el porqué rondaba ahora por los pasillos entre inyecciones a modo de calmantes y pastillas del tamaño de una nuez. Entonces, y por eso, fue que decidimos entre cuatro o cinco planear su salida. Mabel. Sí. No me la olvido más. Es cantante de rock de una banda de por acá. Lleva siempre marihuana en los bolsillos del saco, y nos convidaba cuando nadie veía las cosas. Es mina guerrillera, dijeron, de uno de esos bandos subversivos. Un buen día la trajeron en un camión verde, de los militares, y la vinieron a poner en capilla. Pero nosotras, las verdaderas locas, la vestimos de enfermera y así anoche fue que nos despedimos de ella. Esta tarde se armó un barullo tremendo desde las autoridades, nos pichicatearon mucho como para dar con una información de su paradero. Pero las locas tenemos aguante.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

La manzana





Hay veces que no pienso desde la cabeza, que pienso no desde la central inteligente, sino, ¿como figurarlo?: desde más atrás, como desde más atrás de la nuca. Uso un espacio y un recorrido que es mental, por supuesto, pero que no está ubicado ni centralizado en el cerebro. Hay cosas que se piensan así. Por ejemplo, todo lo que no pertenece al campo de la actividad psicológica y derivados de los procesos psi. No imagino ni pienso en una manzana particular, no uso el cerebro para pensarla de ese modo; solo pienso en la manzana (e insisto que no imagino una figura en la memoria ni en la imaginación ni en la conciencia) como algo no pertenecido al área del pensar personal. Tampoco se trata de un universal ejemplar de manzana; porque si fuera un ejemplo perfecto y platónico de todas las manzanas, ese ejemplo tendría también una forma, una figura instalada adentro de la mente de uno. Pienso detrás de la nuca determinada manzana que se ajusta a todas y todas las manzanas, pero que no tiene por eso mismo una imagen correlativa; es una manzana sin imagen. Es un concepto, que se ajusta a cualesquiera de los cuerpos manzana.






lunes, 11 de septiembre de 2017

La vida diminuta




La vida diminuta



La vida es diminuta a los ojos de un viejo que mira, sin mirar, sus años de infancia. La vida es una nuez que se come lenta, a veces amarga, pero siempre dulce en los labios que buscan su sabor y su sentido, su certeza y su temple, como el pico en la roca el pedazo de oro. Y la infancia siempre será la infancia niña, la ternura de subirse a una rama para ver desde arriba como todos los adultos, el porqué de este cielo horizonte y el cómo de esta tierra transitada. Yo no entiendo la muerte, jamás podré darle un nombre; tal vez pertenezca a la vida y por eso somos mortales. Pero dicho de otro modo, creo que vamos yendo de la vida a la vida hasta gastarla de un trago, sabiendo así decir de viejo hasta aquí he llegado.

martes, 5 de septiembre de 2017

Qué es el amor




Qué es el amor


yo no sé cómo decirte qué

jamás sabré señalarte cómo
el cuándo...
dónde
y por qué

sé que existe / porque sentido está
mi pecho late contigo hasta
el horizonte

No nombraré la historia;
el pasado vive en los libros
No prometeré nada;
el futuro imagina cosas que no existen

Pero ahora y acá
con el pulso en tu mano
yo siento la mía
y vivo el sueño y el día
como un niño con pelota



septiembre






septiembre


Un día de sol
tibio
septembroso
antes de primavera
cuando por alguna razón sonrosada
aparecen las flores de la azalea

Un día de sol
a rayo de sol
mediodía
pasada ya Santa Rosa
cuando los pájaros pican
los botones amarillos del Níspero

La lluvia va dejando en la tierra mojada
semillas de algún yuyo
que germinan como el trébol
el cardo y la gramínea.

Y vos estás ahí, debajo del sauce
en medio de una brisa que desparrama
la caricia del sudeste
y tu risa codorniz





lunes, 4 de septiembre de 2017

Voy a poner una poesía







Voy a poner una poesía


Voy a escribir una poesía
que no tenga nada;
que no sea nada;
que simplemente haga un
conjunto repetido de versos blancos
e inmaculados.
Un revoltijo de palabras
reunidas en un cofre
que al fondo de todo se escuchan
susurrar

Voy a escribir una poesía
que tenga sin embargo todo:
un sueño, un viento, una magnolia;
que se vista de septiembre
cuando estamos en agosto;
que sea una esperanza en la calle
y en los patios y en las rendijas

Voy a escribir una poesía
que no diga nada
que haga silencio al hablar
y camine detenida

Para que se sepa que
Dios la ha criado
mientras yo la componía.





viernes, 25 de agosto de 2017

Tiempo de invierno




Tiempo de invierno

Ya no habrá más suceso que un sándwich que se come de cabo a rabo con la boca abierta y manchada de mayonesa. Ya no habrán más minutos de relax afuera de un templo de Buda o detrás del diván de un analista con lentes. Ya no cantará la corista en la terraza. Ni Lola me dará el beso de araña. Ni yo fumaré Gitanes, ni Tania se emborrachará de vino, ni Collado atenderá el teléfono. No. El tiempo se va a detener como una cubetera en el frío polar, arriba de Moscú. Arriba de Siberia. Arriba, siempre más arriba: lo más arriba del mundo probable. El frío. Eso. Así de grande es el frío, tanto así que empequeñezco con un solo soplo de nieve.






Mi sueño pobre




Mi sueño pobre


Se dice a menudo que fue confiada la autoridad de una estrella celeste a los propietarios de los sueños de este mundo; se dice también que los sueños pobres buscan revancha, que su escaso poder de sueño tiene una chispa carmín en el reverso de las cosas, que aunque haya ceniza y un montón de colillas tristes y apagadas también puede que sucedan milagros rebeldes.

Mi sueño es un sueño pobre, echado de una fábrica, con una estrella en sus pupilas brillo, de tanto haber lamentado su condición. Mi sueño es ese pobre sueño muchacho que levanta su mano para alcanzar esa estrella carmín, entre la ceniza y el viento que bambolea las copas de los sauces llorones, su vida de barro y calle sin luz.





miércoles, 9 de agosto de 2017

El pájaro cielo




Nací argentino; lentré al mundo por este lado. Y qué le voy a hacer si tomo mate, me gusta el río, a veces digo lo que pienso y hago siempre lo que hago. No voy a decir mucho; ya hace tiempo que me callo, pero también te digo en el justo lugar y en su justo tiempo lo que demanda y bombea el cuore, lo que dictan las entrañas, lo que me llevan los dedos y sus tendones. Y hoy vengo a decir que un pájaro color cielo revolotea en mi cabeza. Un pájaro color cielo. Un cielo color pájaro.



jueves, 3 de agosto de 2017

El otoño para el invierno y el invierno para la primavera





El otoño para el invierno y el invierno para la primavera



Si él buscara el sentido hacia un dónde su destino y fijara y apuntara esa proa loca hacia algún delante de sí, entonces sería un día de otoño.

Zarparía con el sol en los ojos hacia un horizonte persistente, temerario, jamás sabido, jamás plan, rumbo a un todo azar y una deriva infinita. Pero ese sol pegándole en la cara iría como una desilusión plegándose al mar, y entonces la noche empezaría a reinar el miedo. Cuando se desparramara la oscuridad y una tormenta de sal viniera a su encuentro para enceguecerle la vista, sabría que los golpes del agua en su barca darían comienzo a su naufragio.

Miedo de no haber sido, miedo de no ser, terror de no saber si será: nadie de nada.

Nadar, nadar en la tormenta, perdido en la sombra de mundo. Flotar, para no hundirse. Y es invierno, donde sea que se encuentre. ¿Hacia dónde nadar aguerrido? ¿Hacia dónde la isla de una historia?

Sobrevive. De pronto entre las aguas una luz brumosa titila en algún punto de su vida, alguna tibia esperanza lo levanta. Otro barco se acerca, y es ahora primavera.


miércoles, 28 de junio de 2017

El huevo o la gallina





El huevo o la gallina


A mí, ¿cómo decirlo?, no se me ocurren las cosas: en realidad, las cosas son a las que se les ocurre algo de mí; yo no soy el sujeto, sino el objeto. Las cosas me traen a la superficie, me expresan, me ponen arriba de las ideas y construyen mi nombre propio. Yo no soy sino el resultado de muchas operaciones que las cosas hacen para que yo exista. Porque las cosas han sido antes que yo, y de las cosas vengo surgiendo de a poco, concebido como un milagro de todas ellas.



viernes, 23 de junio de 2017

Pintar los muros






Pintar los muros


Qué será de los poetas cuando se derrumben cada uno de los blancos muros advenedizos. Qué será de ellos cuando los sentimientos erráticos, parcos, nostálgicos, apasionados de volver, siempre volver, se derramen al mar en cada ola que se rompe, en cada grano de arena que cae sigiloso entre los pliegues del tiempo y los relojes sin fin. Qué será, me pregunto todavía, de la mismísima poesía cuando estalle en sinfónicas melodías de verdes notas en las partituras de Mozart o Beethoven. Qué será de ella cuando hable ella sola de sí misma, cuando se refugie en el espejo de Alicia, en agua de Narciso. Cuando de bien sabido se encuentre a solas con el Universo extendido en su propio verbo.
Me inclino a decir que mi cierzo y mi bochorno y todo viento susurrante en la clara idea léxica, en cada discurso enrollado, son todos conceptos endiablados de verse uno mismo en la memoria.
¡Quién sepa decírselo a mi madre! Quién sepa escribirlo en su recuerdo: que todo es nada, que nada es todo, que cada mayúscula está de acuerdo a cada minúscula cuyo margen es el secreto.
No hay respuesta ni poesías en un lugar ya lleno, completo y listo. Más vale ir rompiendo lo armado para volverlo a construir.





El lugar de la memoria






El lugar de la memoria


Detrás de la memoria se esconde inadvertida la consciencia de los nuestros. Arriba de la memoria se descubre brillante y subversiva la verdad de los amores. Debajo de la memoria se sostiene con pies de plomo los amigos y los recuerdos. Sobre cada pequeña superficie de memoria se halla plantada una semilla de tiempo y de sol que refleja historia y patria conocidas. Delante de la memoria se presenta una promesa y un futuro, el horizonte donde el mañana amanece a favor de los niños. Al costado de la memoria acompañándola siempre estarán los héroes generosos y los próceres de marfil. En el centro de la memoria está el corazón de los lloran, aman y luchan el pasado, el presente y el porvenir.





martes, 20 de junio de 2017

Simple y sencillo





Simple y sencillo

Sobrio y humilde, sin pompas ni flashes fotográficos, camino sobre la alformbra sucia de tiempo mis ya treinta y seis años. No quiero ser algo grande, ni fama ni eternidad, ni campeón ni el primero, siempre un segundo, una compañía. No alzar la voz para decir una verdad, hablar bajito y con calma lo que haya que expresar. Sobrio y humilde, trabajar como un barrendero de las calles de la vida, limpiando lo que nadie quiere, o levatando tesoros secretos. No esperar ansioso un aplauso, no esperar un reconocimiento; solo ser lo que ha de serse, sin gloria y sin miedo.





jueves, 15 de junio de 2017

hubo





hubo



hubo un lugar donde se apoyaban las cosas, todas las cosas. arriba de ese lugar estaban puestas muy prolijamente todas bien distribuidas, como un glosario enciclopédico o una biblioteca de la municipalidad. hubo también quizá después, nunca antes, un dios que quiso recrear ese lugar, de otra forma y persistencia, darle vida a esas cosas tan equivocadamente prolijas y coherentes, estáticas y muertas. y así fue lo que hoy se conoce, lo que hoy se nos es digno de saber ante nuestros ojos y mentes. el desorden provocado por el dios que no quiere ser otra cosa que desorden, es lo que me implica a pensar que la vida tiene un dejo nostálgico de la muerte, reminiscencia del orden superpuesto, anterior a las vivas cosas en movimiento, anterior a las tortugas y los gigantes elefantes.





filo y contrafilo




filo y contrafilo

A veces pensando y viendo a mi alrededor me doy cuenta que existe más de un mundo y más de una realidad; el mundo está conformado por submundos y realidades diversas, disímiles, mutables o inmutables, necesarias en tanto que pueden ser o son susceptibles de ser contingentes, al mismo tiempo de su rasgo absoluto.

¿Existen verdades absolutas apartadas de la condición humana?
¿Existe una verdad ontológica , un sujeto y un objeto metafísicos apartados y desentendidos de la vida?
¿El conocimiento humano provee una sola verdad, o hay tantos juicios verdaderos como mundos y realidades humanas?




miércoles, 14 de junio de 2017

Un pedazo de adelante






Un pedazo de adelante



Mar

que hiciste de nuestros sueños
un pedazo de adelante

que llevas y traes con bravura
la calma de los pescadores
cuya salada es espuma
y viertes en las plantas de los pies

Mar

que te arrimas hasta la tierra
y bendices sus bordes sedientos de sal

que te inclinas con el sol a medio trecho
dejando la línea que sueña
con las gaviotas
ahí del otro lado del mundo

Mar

que conquistas a corsarios
y destrozas armaduras
veleritos de poca monta
y hasta buques transatlánticos

Mar
sueña
ríe
que el tiempo llegó a su dársena
que no hay más horizonte
al norte de tu abrazo





viernes, 9 de junio de 2017

Tiempo






Tiempo


Para que el tiempo transcurra es necesario el tiempo y nada más que el tiempo. El tiempo es el mismo pasar del tiempo que pasa y hace crecer los naranjos y los jazmines, envejecer los árboles y los hombres, morir para dejar nacer lo que viene después, siempre después. Y es el tiempo a imagen y semejanza de sí mismo, su reflejo perfecto, su espejura insondable. Así es el tiempo. Un tiempo es su ensimismado carácter circular que a la vez es línea; porque el tiempo, solo el tiempo, viene y va, viene y va, siempre más allá y siempre más acá. No nos es dado satisfacer una figura más clara que lo diga entero y de una sola vez. El tiempo se nos escapa y no hay una eternidad más larga y más efímera que su propia condición. No la hay. Hoy casi que estoy cumpliendo mis 36 años, y no encuentro manera más fácil de definir esto que sucede. Pasa y pasa el tiempo. Rueda y rueda la hora, los días, los equinoccios y los abriles. No hay lugar dónde detenerlo o guardarlo para siempre. No hay fotografía que valga la pena. Es el tiempo la clara conciencia de que estamos de paso, arriba del mundo que también tendrá su fin.





jueves, 8 de junio de 2017

Ángel caído


Ángel caído



No es que yo crea en los demonios, en el Diablo o en los ángeles caídos. Sería para mí mucho más sencillo ahora, para entenderlo todo, creer en todas esas estupideces y supersticiones ; pero, vaya a saber usted decirme cómo es que conocí a un Ser tan infinitamente terreno siendo por ello también celestial, como si se hubiera caído de golpe del mismísimo Cielo. Lo cierto es que, ahí, donde me crié, en el Pueblo de Villa Rosa, cuando yo tenía veintiséis años recién cumplidos, vine a enamorarme de una diabla del tamaño de un ángel. Su cuerpo era una infinidad de atributos seductores, su pelo encrespado y rojo hacía fulgurar mis ojos ante su aparición, sus ojos negros encendían mi espíritu y su espíritu… su espíritu era álmico, lo rodeaba una aureola de santidad. La llamé para mis adentros: la Santa Diabla, desde que la vi por primera vez. Era santa y diabla a la misma hora. Cumplía con sus dotes de bondad, y también con la seducción de un demonio a las brasas. Tenía las caderas pronunciadas y su busto era imperdible para los que sabíamos mirarla de frente. Empecé en ese entonces a cortejarla, a ver si me la podía enganchar para mí. Pero en Villa Rosa había unos cuantos hombres bien dispuestos a hacer lo mismo que yo y yo no era el mejor en las artes del piropo. Santiago Porres, uno de los tantos hombres que le arrastraron el ala a Judith, porque así se dio en llamar la diabla santa, tuvo la mala suerte de ser elegido por ella y de caer dentro de sus encantos (corporales y mistéricos). No fui yo el agraciado, finalmente; aunque sí tuve suerte de no meterme con Judith. Dicen que la diabla, angelito caído del cielo, se lo tragó de un beso al pobre hombre, y desde ese momento no se supo más nada de don Santiaguito Porres. 




miércoles, 31 de mayo de 2017

A las afueras





A las afueras

Te vendrás como un pájaro pampero
desde adentro la tierra
para gracia de todo sueño y silencio.

Ni caballo te hará falta.

Te daré el nombre
y serás mi cierzo y mi bochorno,
mi compañera durante la noche,
las estrellas guiñándome el sendero
mi horizonte cielo donde se junta la tierra
con el aire azul francia
y un poco también un tren
que va para el lado del pueblo

Soledad, Mía Soledad.

Porque la soledad, Doña que pasa,
tiene paisaje y horizonte
a lo sumo un rancho en el medio de la pampa
donde poderse ver el mañana, el ayer
El pasado, el porvenir.





viernes, 26 de mayo de 2017

No poeta




No soy el poeta


Me paso los días enteros
sulfurándole a la Luna
como un tonto baladí
que llena versos vacíos
de puro no decir nada


Me paso los días
santos y zonzos
como un negro
como un ciego
que repite y repite
en la penumbra:

¿Yo, poeta?

¿Yo?


Y si ustedes me dicen que sí
y me aplauden presto y tierno
tal vez solo sean en rigor
unas buenas compañías


Mas la verdad no se dice
ni se expresa
con las manos
Porque
ella y ella
ella es cruel y es infinita


Yo escribo poemas
pero no soy un
Artista