Buscar y encontrar

Aquí la tierra se funde con mis manos

viernes, 23 de marzo de 2018





Atrás del aire, como si en la virginidad de una atmósfera entera se recubriese con un velo de noche y estrellas los días inhóspitos y desiertos, atrás, como atrás de esa cortina negra y celeste que todo lo desparrama en luciérnagas y grillos, un soldado gris se incorpora después de haber estado revolcado en le barro sucio de una tierra sin nombre. Ese soldado soy yo, y ese soldado carga un fusil y apunta sin pulso ya hacia el cuerpo de su enemigo. El disparo es un colorido ramo de flores; la rendición, una carta de amor.









De mi barrio, de las callecitas de mi barrio, que por arboladas con fresnos y paraísos mayormente se distinguen de otros barrios, llega un murmullo entremezclado de distintas especies de ruidos: pájaros, automóviles, niños jugando en la vereda, el viento en las frondas de los fresnos y los paraísos. Es especial cada hora del día, vinculante con la existencia toda, abigarrada e indecisa. El silencio a media mañana tiene eso de espesura; es como si ahora, a las diez y media del día, se juntaran sedimentos de distintos aromas y se fueran compactando apacibles sobre mi conciencia distraída. Salgo. Salgo a caminar por las callecitas este barrio conurbano y me detengo extasiado mirando el sol subir de a poco a un cenit algo bajo. Estornudo. Y es por eso que entiendo que viene llegando otoño.




miércoles, 21 de marzo de 2018






De todos los ruidos y sonidos para ver siempre me importó mucho más el trueno del silencio; hay una descarga de fuerza y luz sobre cada nimiedad, sobre cada copa de árbol, sobre cada baldío, que estaría mejor sucumbir a las centellas y a las sombras de la noche, un día así: de tormenta, antes que patear las calles de microcentro, con tanta bocina loca, con tanto atropello feo, con tanta Florida de esquivarle a la gente como si fueran fantasmas suicidas o simplemente prófugos del tiempo.






martes, 6 de febrero de 2018

Enceguecido



Enceguecido

¿Desde cuándo el tiempo es un ser invisible, incapaz de hacerse uno conmigo? ¿Desde cuándo un lugar es un espacio, y un espacio vacío, incapaz de hacerse uno conmigo? No entiendo por qué ni desde cuándo el amor tiene su lugar en lo eterno. Ni tampoco comprendo cómo es que hay un dios para cada esfera luminosa. Sólo sé que no sé nada, y de eso estoy seguro: lo que me basta para andar por la vida con un bastón gastado, que tantea ciego el camino, la voluntad y el deseo. Lo demás, es un cuento chino, que habla de mí con un mítico sentido. Nada de todo eso soy yo. Nada de todo eso seré. Nada hay en mí de todo eso. Porque si hay un tiempo, ese tiempo es un lugar, y si hay un lugar, ese lugar es aquel tiempo. Existir es tan mínimo e imperfecto que, a cuenta gotas, vamos haciendo  los senderos. Vivir es aparecerse hasta irradiar luz como una vela. Finalmente un viento nos sopla el fuego, y extinguimos el ser con la muerte inadvertida. Quiénes somos: alumnos en las sombras que encienden un fósforo para verte la cara.




lunes, 5 de febrero de 2018

Los agujeros





Los agujeros


He ido tapando agujeros,
tantos agujeros como cañones
tiene el mundo.


Fui, sereno,
tapando cada herida sangrante.
Como agujeros tiene el mundo


Y con cada sutura, con cada remiendo,
un sol amanecía
viejo y detrás
de cada sonrisa desdentada


La guerra y el vino se entremezclaron.


No puedo encontrar paz
sin quemarme primero en la tormenta.




domingo, 4 de febrero de 2018

No cabe




No cabe la poesía en el derrotero de palabras que se emplean diariamente como uso común. No cabe, y es cierto, la poesía en una mano, como tampoco puede caber el cielo en un corazón. El lugar del poema no tiene una localidad ni un tiempo capaz de hacerlo entrar todo como un pie a un zapato marrón. La verdad es que la poesía no cabe arriba ni abajo: es como un dios. Y así todo es escrita, cantada y hasta expresada por hombres, mujeres, niños, en una antífona pendiente, que busca su lugar y tiempo en este llano y pequeño mundo.





sábado, 3 de febrero de 2018

Vestido





Si estuvieras tomándote un rizo, con la mano izquierda, y sonrieras al espejo con un gesto seductor; si estuvieras probándote el vestido rojo que compraste un día; si tuvieras esa delicadeza de lanzarme un beso rítmico y redondo, como aquellos caracoles que se arrastran con su baba; si entonces me miraras entre señora y niña; si quizá etiquetaras una selfie con nuestros nombres y apellidos; creo de seguro que amaría tus rulos, tus labios, tu vestido, tu sonrisa, como nadie pudo hacerlo en este vasto mundo. Pero todo ha sido un querer, un deseo del futuro, una voluntad voladora de marcas en la piel. Todo fue, como siempre son estas cosas, las ideas y los fantasmas; nada mío es tuyo, porque ese vestido no tiene dueña, no se ha comprado y reside en una vidriera boutique.





La calma




La calma

La calma se está echada como alrededor de los nísperos viejos del fondo, colgada sobre una hamaca donde se estila ver hacia arriba las frondas, entre verdes y doradas, de un cielo hecho de paz.

Entre suspiro y suspiro la felicidad se va acoplando como una enzima a la mismísima calma, obteniéndose así un producto casi igual a la infancia.

Si la miro de reojo me sonríe con su corta edad, y me saluda cómplice, igual que me estuviera viendo en un espejo de agua y me reconociera años atrás.

Son ambas, felicidad y calma, proyectos esenciales de mi vida: todo lo demás sería examen, prueba y juicio: te miden el cuerpo y el alma como si fueras un reloj desarmado.

La hamaca, el cielo abovedado de los nísperos, mi cuerpo tendido, la calma. ¿Qué más quiero? El trino de los pájaros me llama.



sábado, 27 de enero de 2018

sin titulo




Acepto que tu vientre en la arena se confabule con el agua del mar para darme un niño mestizo que cabalga entre peces y sirenas. Acepto de buen agrado los vientos salados que traen la noticia de un tiempo mejor, más caribeño que argentino, más azul que noche, más poesía que rutina, más bohemio que trajín. Acepto y acepto tu voz en solo trazo. Quizá el tiempo nos haga amantes de un solo grito, de una sola canción esperanzada, de cual yo seré el padre y tú la hermosa madre progenitora. Vivir no es sencillo, pero a veces el soñar nos hace las cosas más vivas, más urgentes, más necias y, a pesar de todo, más reales.





viernes, 26 de enero de 2018

El sol




¿Por qué obviar que el sol es el sol y no el fondo de una lata de membrillo que reverbera incandescente a causa de un fulgor más grande y más santo? ¿Por qué no pensar que los niños salidos de un sueño nos lo alcanzan a nosotros los adultos, que no hemos entendido aún el valor de un niño que bosteza el sol y nos trae servido el día entero? ¿Por qué obviar que las aves son pájaros en la mañana y no un dibujo flotando en un papel celeste cielo? ¿Qué es lo pequeño y qué es lo grande? ¿No será que el futuro es un niño que pide a gritos que despiertes?



jueves, 25 de enero de 2018

Invocación




Voy a nombrarte, poeta del plenilunio, para que inspires a este vástago bastardo, que pendiente está cual refugiero en la montaña. Voy a acudir a tu nombre y tu seudónimo y voy a esperar tal sereno en una calle desierta, para que tu luz refulgente me alivie la pena y acaricie mi instinto discípulo, mi coartada de amor y mi cielo de noche.





martes, 23 de enero de 2018

Vida y susurro





de qué está hecho el tiempo que susurra
el amanecer de un cuerpo en llanto y pañales
de qué se viste ese tiempo cuando el cuerpo
deja su rastro en el mundo y firma su aparecer
de qué está hecha la vida sino de tiempo y susurro...
por qué el tiempo se acaba en una eternidad y
por qué siguen muriendo y naciendo otros
mientras yo soy el que camina hacia ningún sitio





Milagros




Me decía el flaco que dios es ya tan chiquitito que entra en una nuez; quiso decir, adentro de la doble cáscara arrugadita posiblemente flotadora en un mar de dudas. Y sentí que el pibe tenía razón: cada vez más pequeña era la fe en superhéroes, cada vez menos clara y cada vez más nula, aunque, me decía el flaco, empecemos a hacerle caso a los milagros. Puede ser, insistía, puede ser que los dioses estén muertos y que Nietzsche o como carajo se llame el Dionisio tenga toda la razón; pero el muy demasiado humano olvidó, me decía el flaco, olvidose de matar a los milagros. Y es por eso que empecé a darme cuenta que hay un Milagro para cada pequeño dios y que es más grande y más loable pedir por Milagros que por providencia divina, pedir por Milagros que por fe en dios, pedir por Milagros directamente, sin intercesión de ninguna emanación sustituta. Creer en los milagros aunque estemos muertos de risa.





sábado, 20 de enero de 2018

la dicha no es cosa de locos




la dicha no es cosa de locos

Hay ya tantas noches de libres excusas para no dormir, tanta gaviota suelta en el puerto pesquero del alma, hay tanto vozarrón cantándole a esa insomne luna tiesa y febril, tanto perrito llorón dándole vueltas a la cola, hay tantas noches de libertad y regocijo, que nadie fija en mí ni yo en los otros el porqué no pego las pestañas y me dedico de lleno a dormir o a soñar con aquel barquito hecho de noticias viejas que llevaría entonces un soldadito como única tripulación. Me pregunto cuál es el precio de la felicidad ajena y me doy cuenta que me importa un pepino si reís o llorás, si hay hambre en tu heladera, si hay gula en tus billetes, si hay desidia en las últimas tus decisiones. Pero, amigo, o no tan amigo, basta decirte con un balazo frío que yo soy feliz, no por el desvelo, no por las gaviotas volando ni por lo perritos aulladores. Ni siquiera la luna es feliz por serlo. Dicen que hay que poner la otra mejilla, y lo haré de muy buen agrado, salvo que no hay más que dos, y que una vez expuesta la segunda al último golpe ya el paisano sabe decir que no, y poner un puño en respuesta. La felicidad no es cosa de dicha. Hay que saberse romper el sueño y mal vivir con unos cuantos porotos. Pero al final del camino uno se mira en el arroyo y una deliciosa figura sonriente le marca la felicidad y el destino.




SIN TÍTULO



sin título

este poema no tiene título
porque su tema es injustificado
Es más: no tiene título porque no tiene tema
No tiene tema porque no tiene ni modo
ni tiempo
ni siquiera una metáfora solita

Este poema habla de lo ninguno
de lo no dado
como algo que no puedo describir
porque se parece mucho
a una renuncia

Este poema no es lucha
ni amor
ni muerte

Este poema no ha nacido
y por eso aún no es poesía
aún no cabe en una canción

Solo el lector intrépido y atrevido
es capaz de darle su motivo
su lucha
su amor
su muerte
sus manos

domingo, 7 de enero de 2018

Manuel el pensador




Atrás, tapado por las hojas de un diario viejo, duerme don Manuel el pensador. Se rasca la cabeza, hace como si soñara algo y discute ensimismado acerca del poder y la política, mezclando frases de poeta cimarrón y prosaico discurso aparentemente filosófico. Es un perro viejo, dicen los vecinos. En realidad, lo tratan como si hubiese sido en otra vida un perro del común; pero Manuel el pensador, llamado por otros también el discípulo de Sócrates el griego, es un hombre hecho y derecho, aunque torcido por la intemperie y el alcohol. Un par de cartones retorcidos y sucios le hacen las veces de colchón y cama en la esquina de Brasil y Defensa, justo en frente del Parque Lezama. Las hojas de diario lo tapan y lo dejan detrás del mundo, ferviente mundo de ingratos ignorantes, suele decirse él algo así como entre dientes, con los pocos dientes que tiene. Para muchos es un simple perro humano, para otros un hombre echado a perder; pero los menos y más sabios lo han calificado como un inconfundible pensador de teorías y utopías, un vagabundo que está al tanto del mundo, de sus noches y sus días, de sus guerras y sus treguas. No quiere nada con nadie. A veces una monja santa viene y le da un sándwich de mortadela. Y así vive, pensando y pensando su mitología filosófica. Quien lo quiera conocer no tiene más que tirarle unas monedas.





jueves, 4 de enero de 2018

hombre





Hombre has sido finalmente al andar por los caminos viejos del pedregullo; no tanto se es pensando y poniendo lo pensado como sí lo es el andar por aquí y por allá caminado, que de tanto errarle al paso uno ya encuentra cómo poner el pie, se distingue entre la polvareda y ha puesto firma y poncho a la identidad que se va haciendo con los años.




lunes, 25 de diciembre de 2017

la idea repetida





Desde algún lugar ignoto sube hasta mí una especie de idea --una sensación de idea-- y se clava de repente en algún otro sitio de mí mismo (¿la conciencia?, ¿la memoria?, ¿los sueños?). Lo cierto es que esa idea o como se llame tiene tu cara y tu nombre grabada en su faz; es como si tu recuerdo (aunque no sea exactamente recuerdo) viniera a plasmárseme sobre el tapete de mi mañana, de estas ocho a eme que quisieron pertenecerme pero que ya huyen despavoridas y dan lugar a tu cara y tu nombre. Ni hace falta evocarte: te has venido a meter por algún orificio que descuidé; porque yo no hice jamás un esfuerzo para que entraras. Te fuiste metiendo vos sola, inadvertida al principio, pero patente en estos últimos días.

Las noches pasan. Los días pasan. Las horas pasan. La obsesión, entretanto, se hace cada vez más difícil de sortear. Cada vez más sos vos en mí, esa idea repetida de vos en mí, esa idea suculenta que me empacha y me hace incorregible. Sanar, sí, de eso se trata; quiero borrarte del mapa, pero no tengo medios para. ¿Será que has sido mi primer amor y por eso cada cosa que sucede la entiendo con la luz de aquella mirada fina que me brindabas mientras te servías el café negro que compramos en Colombia? No lo sé. De verdad no lo sé. A veces pienso y recorro aquellos nuestros días como si fueran cosas pequeñas y sin importancia, pero he visto que hasta el mínimo beso que me dabas de lleno en la boca cada mañana tiene un rigor inevitable. Vos fuiste la luz, y yo la sombra que necesita del rayo siempre para reverdecer sus laderas.





martes, 19 de diciembre de 2017

No será




No será

Esto no será
una poesía de amor
ni una declaración
de un amante que hierve
su corazón hacia el punto
del deseo

Esto no va a ser
una poesía romance
ni una búsqueda
de encuentro de almas
ni tampoco será
-¿será?-
un amor expuesto
a una columna de fuego

Esta poesía
si es que es poema
en realidad es
tu cuerpo deslizándose
sobre arpegios y corcheas
tus caderas bailando
sevillana y flamenco
tus manos
dulces palomitas al vuelo

Porque no tengo razones
para decir que esto es aquello
ni que aquello está más cerca
que lo íntimo y secreto

Esto no será amor de poemas
ni poemas enamorados
solo un poco cortesía
de un dichoso enajenado





domingo, 17 de diciembre de 2017

la palabra




Amasar la palabra hasta que cruja; de eso se trata el deseo. Poesía invertebrada que tienta su estancia sobre un barranco cual cascarudo de la noche, volador. Libertad. Libertad es vérselas con el deseo y hacerlo uno en el poema; porque si no bailara esa pequeña luz de fuego dónde estaría entonces mi amada sinrazón. ¿Dónde?




domingo, 10 de diciembre de 2017

La tarde




La tarde

La tarde ingresa a través de la ventana con su  diáfana y difusa luz de las dieciocho; mis codos desarmados sobre la mesa de madera, que el bar de la esquina inserta en la tarde, extiende mis brazos sobre la tabla y abre mis manos como una camelia florecida. De la tarde ingresada sobre la luz del día un pájaro canta su dulce estrofa. De mis manos abiertas solo se esperan unos abanicos pensados como higueras, un ramal de dulces trinos cantando sobre cada dedo. El viento del oeste seca la tierra, y el pueblo se seca: consecuentemente. Es verano pampa, de esos tiempos irreales donde el calor hace una estatua de sal y de arena en cada plaza de jolgorio. Los niños no tienen reparo del sol y ven en él al amigo con hamacas. Un viejo temeroso y ajado, de muchas arrugas como un bicho en crisálida agonía, sumerge su cara negra abajo de un enorme gomero. Y la tarde se va cayendo como un embate en un golpe de box, pasa de su luz a su renegrida sucesora noche.





jueves, 2 de noviembre de 2017

Yo felizo




Yo felizo, tú felizas


Después de muchos años de revolverlo todo, de revisarlo todo, de buscar y rebuscar debajo de cada piedra, arriba de cada mueble, adentro de cada y cada libro, nos hemos visto en la obligación de destapar nuestro pensamiento acerca de la felicidad y hacerlo público para el bien común de todo este vasto mundo. No se piense que partiremos de un supuesto intransigente e incuestionable: no hemos visto en esta vida y existencia un principio común y general al  que podamos atenernos y desde donde partir. La vida no tiene una regla; los hombres, nosotros quienes vivimos sobre esta faz del universo infinito, tocados por el sol y por la luna, llamados por esas estrellas equidistantes que brillan más en nuestras pupilas que en los ojos de las lechuzas, nos entregamos con la misma pasión hacia una final de campeonato mundial de fútbol que a un billete de lotería. Somos capaces de rezar mil avemarías y padrenuestros cuando las papas queman y nos desentendemos de toda fe cuando conseguimos un buen puesto de trabajo. ¿De qué se trata eso a lo que llamamos felicidad? ¿Es la felicidad un hecho, una actitud, o tal vez no sea más que una ilusión apartada de esta comedia trágica que es la vida? Nosotros nos pusimos serios y empezamos a estudiarlo todo como un filósofo griego llevado por las grandes preguntas del ser y el sentido del ser y la admiración y el asombro y no sé ya qué tantas otras cosas… Quisimos pues, luego de tanto periplo y viaje, volviendo de nuestra aventura pensante, dar a conocer no tanto unos postulados sino lo que nadie se atreviera a decir después de todo. La felicidad no tiene para ser justos una entidad, una substancia, un concepto, una idea clara y distinta. Es en realidad una acción y debería ser también un verbo conjugado: yo felizo, tú felizas, él feliza, nosotros felizamos, vosotros felizais, ellos felizan. Y decimos esto porque la felicidad no es un estado del ser sino un movimiento constante en la búsqueda de algo que no tendremos jamás; porque, de verdad, la felicidad como cosa no existe; lo que existe somos nosotros buscándola. Uno puede estar contento, claro, pero este estar contento no es más que una conformidad o satisfacción del yo con la circunstancia; no quiere decir eso felicidad, porque eso es un estado acomodaticio y confortable tan semejante a la resignación y la inercia, a la estabilidad y la falta de movimiento. La carencia impulsa la búsqueda y esa búsqueda es la acción feliz que nos determina como seres inquietos. La felicidad es un verbo vacío que hace movernos hacia el futuro.






domingo, 22 de octubre de 2017

El silencio





El silencio



Silencio, y es noche. Las manos juntas, entrelazadas, poniendo el pecho en la intención y el cuerpo sobre una nube blancuzca y tornasolada. Pensar por momentos en la verdadera nada, no tener un ápice de ruido adentro, como si el bullicio del mundo se tomara por un asa y se vertiera todo en un desagüe sin fin. Silencio. Un gesto de amor quizá..., un beso nocturno, una margarita sobre la almohada, otro beso y a olvidar un poco a qué hemos venido: nosotros no venimos; nosotros vamos. Y cuanto más ensayemos por momentos el silencio, más convocaremos a los grillos y las ranas. Silencio, y es noche. Y hasta se apagaron las luces del Luna Park, los faroles de las plazas, las ideas combativas. Ya descansa la ciudad.







viernes, 20 de octubre de 2017

La fiebre en el alma







La fiebre en el alma



A veces agarro el insomnio, tal una fiebre furibunda, enfundada en la primera infancia, de más de 39 grados centígrados, como marcaba en aquel entonces mi viejo termómetro de mercurio cuyo vidrio contenedor he roto millones de veces. Pero esta vez no es la fiebre la que me mantiene en vilo ni tampoco un recuerdo de aquellas madrugadas inhóspitas, cargadas de letanías y pilas de libritos amarillos que no se dejaban leer a causa de mi estado. A veces, agarro el insomnio. ¿O será que el insomnio me ha asido por un costado, tironeándome la oreja izquierda y trayéndome a este otro sitio de la noche cuando todos duermen menos yo? El insomnio es definitivamente una fiebre sin cuerpo, una fiebre cuyo calor crepita no en el organismo, sino en el alma.



sábado, 7 de octubre de 2017

sombrerito





sombrerito
Ya hubo un pasado de poesías ahora inconfesables y mías. Luego habrá también un futuro apocalíptico, helicoide, susurro de profecías que se cantarán en los callejones perdidos y suburbanos. Pero hoy, mi querida niña, hoy es un día soleado, un día lleno de sauces y talas bailando al ritmo de un sombrero que se vuela con el viento: un sombrerito rosa con tu nombre, que lleva el compás de las copas verdes y bamboleantes, mientras el río hace lo suyo y sube a la orilla de mis pies. Escucho las aves, escucho el viento en mi cara, escucho el fluir del Paraná sobre la margen derecha de un mundo poco listo para tanto. Y te vuelvo a preguntar: ¿hasta dónde ha llegado tu sombrero?





jueves, 5 de octubre de 2017

Cizaña y trigo




Cizaña y Trigo


Querido Ángel:

Nuestra amistad data desde hace muchísimos años y entiendo que debemos confiarnos por eso cualquier cosa. Vos sabés, Lito, que desde lo de la muerte sorpresiva de mi mujer -- a Malena se le van a cumplir ya los diez años-- me he convertido en una persona sumamente solitaria e introvertida, que no deja de preguntarse la razón de su existencia y el porqué de tantas y tantas desgracias en la familia. Primero fue Malena, la gran tragedia de mi vida, pero después también mi querido hermano Jacinto. Y ahora hace unos días dejó de respirar Laurita, ¿te acordás de ella? Vos sabías gustar mucho de mi hermana. ¡Es todo tan triste!

Todas estas muertes, no sé si lo sabías, fueron consideradas producto de una enfermedad inclasificable, de la cual no se pudo encontrar su origen ni tampoco síntomas previos al desastre: ha sido para los doctores una especie de mal incurable pero imprevisto, de una muerte súbita. Nadie dio en realidad con el punto.

Mi convicción, querido Ángel, es que no se trata de una enfermedad terminal que contamina la casa familiar y a toda su gente como supusieron los médicos, sino que realmente consiste en un homicidio serial. Y ahora te pido que atiendas a lo que voy a contarte.

Mi vida, mi desdichada vida, vos sabrás, ha decaído en el maltraer y el alcohol. Y es cotidiano verme borracho, deprimido, pensando seriamente en  reventar en suicidarme y reventar con ello lo que queda de mi soledad y de mi apellido. Pero aun así, tengo momentos de lucidez arrolladora y sobriedad analítica que me han permitido ver en lo sucesivo las posibles causas de estos supuestos y potentados, a mi parecer, homicidios.

Pienso seriamente que mis seres queridos fueron considerablemente intoxicados con algún veneno letal, poco a poco dosificado, día tras día, mes a mes, persona por persona, primero uno, después el otro, hasta dejarme solo con mi alma.

Esta sospecha primero me asustó, pero después me quitó las ganas de seguir tomando ginebra y ensayé unos pensamientos, los más lúcidos que se me pudieron ocurrir,  aunque se originaron en las tramas que urdían mis pesadillas.

Hace años tenía en mis malos sueños la solución al caso; me lo estaba soñando desde tiempo inmemorial, y a lo que llegué en mis momentos sobrios muchos años después ya lo había conseguido en estados de sueño o embriaguez, mientras las pesadillas me asediaban: el inconsciente, mi querido Ángel; hacele caso a tu inconsciente, ahí están todas las verdades.

Yo soñaba con un ser de siete ojos en la cara. Un ser despreciable, horrible, con dos dedos por mano y una lengua partida que salía hacia fuera para libar el alma de mi amada. Era una pesadilla de la que no podía resistirme, ni brincar afuera. Este monstruo tenía dos propiedades: el nombre de mi familia en la frente y un frasco lleno de líquido viscoso y oscuro que llevaba colgado de su pecho a la manera de un escapulario o amuleto de la suerte.

En mi campo de batalla hay cizaña y hay trigo. Debo quitar la cizaña para que el trigo crezca y no sea ahogado por la maleza. Voy al cultivo y arranco la cizaña con mis manos mugrientas y tristes. Pero en mis manos encuentro no solo cizaña, sino también todo el trigo. Amigo, toda mi existencia es dual y difícil de desentrañar.

Esta tarde encontré un frasco medio vacío en el cajoncito de mi mesa de luz. Supuse que era el veneno, y mi culpa creció de golpe, aunque siempre estuvo conmigo de algún modo. Debía quitar al monstruo.

Matar la cizaña supone quitar también lo bueno.

Hasta siempre.






El gato blanco





gato blanco



El gato empezó a vivir con nosotros cuando, recién mudados a San Fernando, después de la luna de miel, a Patricio le pareció interesante regalarme una enorme mascota.

Me resultó un poco incómodo tener que convivir con un animal de esa naturaleza; no sabía que tenía alergia a los felinos, pero tampoco podía expresárselo a mi reciente marido así como así. Con todo amor, decía la tarjetita que colgaba del pescuezo aquel once de octubre de 1986.

Nunca había tenido un gato de mascota. Patricio eso creo que no lo sabía, pero ya era tarde para expresar algún tipo de rechazo: el gato blanco ya estaba marcando su territorio en mi tan ansiado y respetado hogar. Lo que era dulce se volvió agrio al tiempo de pocos días.

Yo no dormía bien. Patricio subía mi regalito a su falda cuando estábamos en la cama y le acariciaba lentamente el lomo cual si de seda se tratara. Y el gato me miraba a mí con sus ojos de tigre, fijos en mis pupilas dilatadas a causa del estupor y de la noche, y mientras el novio lo abrazaba y dormía plácidamente como un niño, yo, la más amada y elegida de su vida, no lograba dormir lo esperado. Y tanto fue así que en el fondo de mí había dos voluntades en potencia que luchaban una contra otra por prevalecer: amar a ese gato blanco, quererlo de verdad como regalo del novio, cuya intención era adorable, o tirarlo con odio por el balcón del séptimo piso. Eso me tenía tensa y deprimida.

Al trabajo iba casi sin dormir. No podía hacer los planos  porque mientras estaba sobre el escritorio de mi oficina en Belgrano, se me aparecía la imagen de ese gato tonto subido a uno de mis sillones del living comedor haciendo sus necesidades fisiológicas, rompiendo los almohadones con sus garritas sucias o comiéndose algo de la alacena, arriba de la cama, en el balcón entre las recientes macetas de geráneos; y mi jefe dele que dele recriminándome mi mal y desconcentrado desempeño.

Patricio, en ese entonces, para mí y para muchas de mis amigas, era un ser amable y excepcional, y yo temía decirle la verdad acerca del animal en la casa, de que no me gustaba, de que su pelo me hacía estornudar y sacar ronchas. Él era quien cuidaba más del gato y limpiaba toda la mugre, él era quien quería a ese gato, tanto así que más repulsa me daba.

Hasta ahí una vida soportable, o lo que podía entenderse por soportable. El gran problema no fue ese; si hubiese sabido que lo otro ocurriría así, no dejaba entrar ese animal a mi casa nunca.

Al llegar mis merecidas vacaciones, Patricio se excusó de no poder acompañarme a Córdoba porque tenía algunos problemas en el trabajo; no fue específico, no contó más que eso a pesar de mi insistente interrogatorio. Lo increpé con enojo, lo encaré con rabia, casi me dio algo de celos sentirlo por primera vez un poco lejos de mí, como si realmente hubiese alguien más. Pensé en una mujer, alguna compañera o secretaria, alguien más allá de mí. No quería viajar sola. Pero él trató de disuadirme diciéndome que me harían bien las sierras.

Decidí viajar sola, no porque me gustase la idea, sino porque ese maldito gato me tenía aterrada. Pensé que podría descansar y que no volverían esas imágenes.

Durante el viaje en micro, sin embargo, soñé mucho con el gato; ahora el gato no era de carne y hueso sino un espíritu fantasmal que invadía mi sueño, mi pesadilla. Sentí que el animalito me perseguía y me obsesionaba; que no iba a poder disfrutar mi tiempo en Villa Carlos Paz; que iba sola sin nadie con quien compartir lo que me estaba ocurriendo.

Pasé unas ansiosas y tristes vacaciones, sola conmigo. Al volver recibí la desagradable y penosa notificación de una vecina: a Patricio lo tenían enclaustrado en una clínica privada; estaba siendo observado por médicos y psicólogos por un suceso nada claro. Fui al hospital; quería verlo; mi angustia y mis nervios me invadían hasta las muelas. Moví cielo y tierra para poder hablar con él, pero el médico de guardia me informó que debía pasar hasta por lo menos el próximo domingo sin visitas.

Esperé. Mi ansiedad era una trompa, un tornado. Pedí una licencia en mi empleo y aguardé a poder verlo y saber qué cuernos pasaba con mi marido. Cuando lo vi casi no lo reconocí, estaba deshecho en nervios y angustia. Me contó que había intentado suicidarse, que no sabía lo que le estaba ocurriendo con el gato, que sentía mucha inclinación hacia él, que lo estaba seduciendo y que eso lo abominaba.

Ese mismo día tiré al gato por el balcón.     







sábado, 30 de septiembre de 2017

El aguante nocturno





El aguante nocturno


En estos lugares atípicos las cosas que una escucha, por lo general, no se deben tomar demasiado en serio; o por lo menos y más terrible, suele ser riesgoso parar mucho la oreja. Allá afuera, en la avenida, apenas tan cerca de la biblioteca popular y el normal número diez, el run run del tránsito pareciera apagar los murmullos y los entredichos que se esparcen a estas horas de la tarde. Nos han mandado a dormir a todas la siesta, pero ni con toda la medicación que se nos propina para sedarnos, somos capaces nosotras de tranquilizar el estupor provocado por la excitación de anoche; sabemos hacer silencio sin embargo, somos una tumba acerca de nuestros recientes quehaceres. Entendemos que si las cosas fueran diferentes, si esta clínica por ejemplo tuviera más seguridad en la puerta, si las normas y las políticas que los dueños implantan como prioridades se detuvieran con más detalle menos en el incremento de la ganancia y más en la higiene, la experiencia y capacidad de las enfermeras, el buen trato con las internas y mejor comida que  un plato de fideos con tuco, entonces, solo entonces, quizá, saldríamos mejor de lo que entramos. Pero quien escapó anoche, a mi juicio, que no por loca dejo de pensar correctamente, no tenía ni un ápice de enfermedad mental, incluso en su estado desbordante y paranoico había mucho de razón. Hay gente que es llevada como bulto de la casa a la clínica sin más explicación que una pastilla color rosado para tragársela entera, y quedar boba por un rato hasta que se ubique en lo que será su habitación compartida. Y la chica fugada de anoche fue un caso así; digamos que había entrado confundida, pero que no tenía nada de loca. Yo, que hablo sola con muchas gentes al mismo tiempo --espíritus-- me di cuenta enseguida que esta chica estaba en la clínica por algo más grave que un error, que nada que ver con una enfermedad. Ella misma me decía que nadie le había explicado el porqué rondaba ahora por los pasillos entre inyecciones a modo de calmantes y pastillas del tamaño de una nuez. Entonces, y por eso, fue que decidimos entre cuatro o cinco planear su salida. Mabel. Sí. No me la olvido más. Es cantante de rock de una banda de por acá. Lleva siempre marihuana en los bolsillos del saco, y nos convidaba cuando nadie veía las cosas. Es mina guerrillera, dijeron, de uno de esos bandos subversivos. Un buen día la trajeron en un camión verde, de los militares, y la vinieron a poner en capilla. Pero nosotras, las verdaderas locas, la vestimos de enfermera y así anoche fue que nos despedimos de ella. Esta tarde se armó un barullo tremendo desde las autoridades, nos pichicatearon mucho como para dar con una información de su paradero. Pero las locas tenemos aguante.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

La manzana





Hay veces que no pienso desde la cabeza, que pienso no desde la central inteligente, sino, ¿como figurarlo?: desde más atrás, como desde más atrás de la nuca. Uso un espacio y un recorrido que es mental, por supuesto, pero que no está ubicado ni centralizado en el cerebro. Hay cosas que se piensan así. Por ejemplo, todo lo que no pertenece al campo de la actividad psicológica y derivados de los procesos psi. No imagino ni pienso en una manzana particular, no uso el cerebro para pensarla de ese modo; solo pienso en la manzana (e insisto que no imagino una figura en la memoria ni en la imaginación ni en la conciencia) como algo no pertenecido al área del pensar personal. Tampoco se trata de un universal ejemplar de manzana; porque si fuera un ejemplo perfecto y platónico de todas las manzanas, ese ejemplo tendría también una forma, una figura instalada adentro de la mente de uno. Pienso detrás de la nuca determinada manzana que se ajusta a todas y todas las manzanas, pero que no tiene por eso mismo una imagen correlativa; es una manzana sin imagen. Es un concepto, que se ajusta a cualesquiera de los cuerpos manzana.






lunes, 11 de septiembre de 2017

La vida diminuta




La vida diminuta



La vida es diminuta a los ojos de un viejo que mira, sin mirar, sus años de infancia. La vida es una nuez que se come lenta, a veces amarga, pero siempre dulce en los labios que buscan su sabor y su sentido, su certeza y su temple, como el pico en la roca el pedazo de oro. Y la infancia siempre será la infancia niña, la ternura de subirse a una rama para ver desde arriba como todos los adultos, el porqué de este cielo horizonte y el cómo de esta tierra transitada. Yo no entiendo la muerte, jamás podré darle un nombre; tal vez pertenezca a la vida y por eso somos mortales. Pero dicho de otro modo, creo que vamos yendo de la vida a la vida hasta gastarla de un trago, sabiendo así decir de viejo hasta aquí he llegado.

martes, 5 de septiembre de 2017

Qué es el amor




Qué es el amor


yo no sé cómo decirte qué

jamás sabré señalarte cómo

el cuándo...

dónde
y por qué

sé que existe, porque sentido está:
mi pecho late contigo hasta
el horizonte

No nombraré una historia;
el pasado es el pasado
No prometeré nada;
el futuro imagina cosas que no existen

Pero ahora y acá
con el pulso en tu mano
yo siento la mía
y vivo el sueño y el día
como un niño con pelota



septiembre






septiembre


Un día de sol
tibio
septembroso
antes de primavera
cuando por alguna razón sonrosada
aparecen las flores de la azalea

Un día de sol
a rayo de sol
mediodía
pasada ya Santa Rosa
cuando los pájaros pican
los botones amarillos del Níspero

La lluvia va dejando en la tierra mojada
semillas de algún yuyo
que germinan como el trébol
el cardo y la gramínea.

Y vos estás ahí, debajo del sauce
en medio de una brisa que desparrama
la caricia del sudeste
y tu risa codorniz





lunes, 4 de septiembre de 2017

Voy a poner una poesía







Voy a poner una poesía


Voy a escribir una poesía
que no tenga nada;
que no sea nada;
que simplemente haga un
conjunto repetido de versos blancos
e inmaculados.
Un revoltijo de palabras
reunidas en un cofre
que al fondo de todo se escuchan
susurrar

Voy a escribir una poesía
que tenga sin embargo todo:
un sueño, un viento, una magnolia;
que se vista de septiembre
cuando estamos en agosto;
que sea una esperanza en la calle
y en los patios y en las rendijas

Voy a escribir una poesía
que no diga nada
que haga silencio al hablar
y camine detenida

Para que se sepa que
Dios la ha criado
mientras yo la componía.