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Aquí la tierra se funde con mis manos

viernes, 5 de mayo de 2017

El Gladiador





El Gladiador


Vas a hacer lo correcto como siempre, lo políticamente adecuado a la circunstancia, al entorno, al público espectador: saludarás con una mano levantada, agitándola como se hace con una banderita de plástico de tres colores, te inclinarás levemente como una marioneta de lata y te internarás entre bambalinas esperando el próximo acto. Luego se apagarán las luces y la gente se levantará del asiento para aplaudirte de pie. Escucharás el clamor desde la oscuridad y serás el actor más feliz del mundo, el personaje entrañable, la mejor función y espectáculo que dieron luz a este invierno sombrío; pero en el fondo seguirás pensando dónde está tu dignidad, tu yo, tu nostálgica rebeldía. A veces, recordarás casi sin pensarlo con palabras, sería mejor haber sido un combatiente, un soldado, un gladiador romano pero de verdad, sin tanto maquillaje y cartón pintado y escenografía de la Antigua Roma. Luego, saldrás de nuevo a escena.




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